
Muchas veces una pena se desmonta de su felicidad de ser penosa, la algarabia de satisfacerse ante la pena de recibir una mirada con las cejas hacia arriba. Un perdon, un te kiero o algo ke sea al menos un gesto mal articulado. La pena se aleja y se deprime, se une a la poca angustia que marca su diferencia de dar orgullo. Penosamente, se reestablece el ego en la persona apenada, y se desvanece la pereza de sonreir. Pero la pena se desborda de hambre y se para a la mitad del camino. No elaborando una estrategia macabra, sino haciendo de si misma un malentendido milagroso. Y la pena se transforma en tristeza que corre por las venas de un señor, de una señora, de un niño o una niña, la tristeza de ser pena, la pena de ser tristeza, se roba el sentimiento, el aliento, el suspiro y deja al pobre ser, muy pobre de ser. Y llora, maldice y lamenta, seria la vida un mito o una realidad? por la verdad de las razones esconde un ladron la maldita juventud vencida, que por hambre o por necesidad alterna, roba, y mata por robar, y arriesga su vida por comer. No le mienta usted a la necesidad, ni al perdon. No le mienta a la maniobra de un ser supremo pero oprimido, no le mienta usted a la mentira, que no se la voy a creer. No me mienta, no se mienta... no mentiras. Pena que das, tristeza te brindo, un agua al vapor y el escondite perfecto: un traguito de ron, una habitacion vacia. Adios pena tristeza, la muerte te envidia, y llega y se lleva mi alma por siempre... para ti, por ti, te amo indeteniblemente y detendre a la perversidad de tu deseo, y morire por ti, y para ti. gracias.
eFcó
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